Estábamos hablando del primer amor. Cuando me tocó el turno de hablar, saqué de la cajita donde lo dejé guardado tanto tiempo y dije su nombre.
- Mi primer amor es Santiago. Lo amé desde el primer momento y me amó como nadie me va a poder amar jamás.
Cuando terminé la historia todos sugirieron lo mismo. Que lo buscara. Que si nos habíamos amado así, teníamos que vernos de nuevo.
Les dije que no quería. Que así era un recuerdo perfecto. Tenía miedo de encontrarlo pelado, gordo, casado y con 3 hijos.
Pasaron los meses y en una fiesta me encontré con un amigo de él. Mariano.
Había compartido toda mi adolescencia con sus amigos.
Cuando me reconoció nos fundimos en un abrazo eterno y de un modo irracional le dije: no me digas nada de Santiago. (lo dije con miedo… Quería pero me asustaba)
Mariano siempre me quiso.
Luego del encuentro en la fiesta me invitó a salir. Salíamos a cenar, íbamos al cine, la pasábamos bien. Hablábamos del pasado, de nuestras vidas. Pero no nombrábamos a Santiago. (aunque era un corazón bombeando entre nosotros y ambos escuchábamos sus latidos)
Una noche me pasó a buscar como otras veces.
Llegamos a una casita en Palermo viejo.
Caminó hasta detenerse en un patiecito interno, adornado con enredaderas y lucecitas blancas.
Me quedé inmóvil mientras el siguió hasta reunirse con un grupo de gente.
Todos me miraban. Eran sus amigos. Los chicos con los que viví mi adolescencia, mis cinco años de amor.
Ya no eran jóvenes. Mi corazón estaba acelerado, mi respiración detenida y mis ojos, trataban de reconocer todas las caras, rápidamente. Lo estaba buscando.
Fueron dos segundos en los que sentí una especie de alivio. Santiago no estaba entre la gente. Había niños y mujeres que no conocía. Estaba Lucho con pelo corto, cuando siempre lo había tenido por la cintura. Fede estaba con barba y un bebé en brazos, Tito parecía nuestro padre, cuando siempre fue el más chico y Alejo, como todo pirata, estaba fisurado.
De pronto sentí un calor detrás de mí. Una sensación familiar me recorrió todo el cuerpo y en el mismo momento que lo supe, su voz ronca y sensual me susurró al oído:
-Hola, extraña…
Mis piernas se aflojaron en el mismo momento que me rodeó la cintura con sus brazos.
Me sentí morir. Me sentí en casa. Me sentí morir una vez más.
Estaba detrás mío. Su cuerpo me atrapaba en el pasado y yo no tenía el valor de mirarlo.
Todo pasó en minutos que para mi fueron años. No sé como lo saludé, lo abracé y volví al lado de Mariano.
La noche transcurría entre saludos y anécdotas y cada tanto nos encontrábamos mirándonos el uno al otro desde lejos, con muchos testigos.
En un momento fui a la cocina a buscar hielo y él vino a mi encuentro.
Estaba igual. No estaba pelado, ni gordo, ni viejo.
Me buscaba la boca con su mirada, me hablaba y su boca acariciaba la mía. Yo me corría, me dejaba, me mareaba.
Iba y venía en el tiempo hasta quedar completamente abatida por la vida, con una cubetera en la mano y mi primer amor cerrándome el paso.
En un momento me liberó. Camine hacia la mesada y él caminaba por la cocina. Iba y venía. Como antes, cuando algo lo golpeaba por dentro.
Estaba en una jaula e inquieto y yo… Yo luchaba con la cubetera.
Mi escape mental era lograr sacar un hielo como mínimo y cuando me concentré en esa tarea un huracán me levantó y me sentó en la mesada.
Me besó en un asalto. Me besó como antes. Lo besé en un viaje a 1996, mientras por la ventanita de la cocina se veían las lucecitas blancas adornando la enredadera y las voces de nuestros testigos se fundían y aparecían con cada beso.
Me abandonó en otro beso. Caminó otra vez de un lado a otro y como un chico que canta “pido gancho” me cacheteó al decir: me casé.
Se fue dejándome sentada en la mesada.
Esperé un rato. Esperé hasta dejar mi 1996 y volver al presente.
Llevé los hielos a la mesa y ví que todos saludaban a una chica que llegaba con su hija.
Santiago alzó a la chiquita y no necesité presentación. Creo que nadie me dijo nada.
Nos saludamos y nos sentamos todos juntos en la mesa.
Él me miraba. Yo me sentía en un capítulo de Lost. Iba y venía en el tiempo.
Me miraba tanto que me costaba no gritar.
Lo ví dándole de comer a su hija, lo escuché reír con el intento de lenguaje de ella, lo ví padre, lo ví esposo.
En una época Santiago fue el chico grande que me venía a buscar a la puerta del colegio. Fue el chico de la noche que me enseñó tantas cosas.
Esa noche éramos pares. Ni yo era la adolescente caprichosa e inocente, ni él era el irreverente que descontrolaba la noche y que me tenía que esperar en tantas cosas.
Yo ya había crecido y mi Santiago ya no estaba más.
Ahora era el de ella. Las dos tuvimos dos versiones de Santiago, las dos tuvimos la mejor.
Él no aguantó más y cuando su mujer comenzó a hablarme, le imploró a Mariano: llevatela.
Quiso ser disimulado pero lo escuché. Fue una súplica que en un momento me ofendió y en un nuevo cruce de miradas la entendí.
Mariano y yo nos fuimos hacia la puerta pero Santiago nos alcanzó. Mariano nos dejó solos y prometió esperarme en el auto.
Nos miramos una última vez. Me miró triste y yo le sonreí con el amor del pasado.
Se acercó y me alzó como hacía antes. Me abrazó fuerte y cuando me bajó me dijo sonriendo:
-Chiquita…
Le sonreí una vez más y me despedí diciéndole: Ya crecí.
Esa noche no dormí. Lloré, recordé, lo ame de nuevo, sola. Lo quise tanto esa noche que por momentos no sabía en que año estaba.
A los pocos días me llamó y quiso verme.
Nunca fui. Volví a guardarlo en la cajita con los mejores recuerdos de mi vida. Esas cajas donde uno guarda las joyas más preciadas para que estén seguras.
Y ahí se quedó mi primer amor. Ese que me amó tanto. Ese amor que nunca va a volver, porque yo no voy a volver al secundario, ni tendrá que amarme tanto como para esperar que crezca. Ya crecí.
14 comentarios:
Casi lloro... No tengo palabras, es muy lindo y a la vez muy triste, pero sólo vos lo sabes... Yo lo encontre por casualidad... Me fascinó...
no paro de llorar....
Yo paré. Pero fue como chocar contra un tren... :(
Ja!, me paso hace poco, tengo 30 años, encontre un "amor de los 16", en realidad "casi amor", nunca me dio chances. Me dijo que se habia casado, que tenia 2 hijos, que el muchacho en cuestion era el mismo por el cual siempre me tuvo de suplente. Me confeso que tenia una vida miserable, que la golpeaba, que no tenia amigos, que teniamos que vernos nuevamente.
La pense detenidamente, yo en aquel tiempo daba lo que fuera por ella pero dije "ya me ensucie con demasiada mierda ajena, perdoname pero dejemos las cosas enterradas como estan, los buenos recuerdos".
Un amigo que me acompañaba escucho parte de la conversacion, la chica se fue llorando, era lo mas justo para ambos.
Me matás-
Anónimo 1: Salvando las diferencias entre tu historia y esta, el factor común es que todos en algún momento tenemos que dejar de mirar para atrás. :)
Anónimo 2: Es el mismo anónimo? (1) :)
Es como tan familiar que es imposible no llorar.
Pero como vos bien decis es un crecimiento mas.
Hola, soy anonimo 1, diferenciandome de anonimo 2, ja!, aun tengo razones para vivir jaja.
Respecto de la historia, creo que algunas cosas si nos hacen mirar para atras, hoy por hoy te diria que estoy pasando por una de esas, que nada tienen que ver con viejas historias de "amor".
Lo que se aprende en esas relaciones se aplican en la proxima, la retroalimentacion no tiene exito porque tenemos memoria y recordar las malas acciones es inevitable.
Excelente tu blog, mis felicitaciones.
Gaby, ya te lo dije. Esta historia es tan real y natural que pone la piel de gallina. :)
Un beso grande! nos hablamos!
Maxi.
Morí de amor! Me encantó el final de la historia.
jajaja Soy Anónimo 2,volvi solo para reafirmar que ME - MA - TÁS .
Anónimo 2: jajajajajajajajajaj Nombre y colegio?
SA-LU-DOS!
Opino que Anónimo 2 es un cobarde. hombres eran los de antes...
Hola, Soy Anonima TRES ....Gabylindisima, tenes que spoilear esta clase de post, la advertencia tiene que decir: SI PERDISTE RECIENTEMENTE UN AMOR, O ESTAS SUFRIENDO PROBLEMAS DE INCONTINENCIA LAGRIMAL "NO LEAS ESTO,POR AHORA" ... Es tan lindo y extraño tanto esa clase de amor....
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