Los primeros partidos, nos enfrentamos con los de la camiseta celeste. Jugadores tiernos con proyecto de barba y voces que cambiaban de una semana a la otra.
El capitán del equipo celeste dijo un día: ¿Querés ser mi novia? y la capitana del equipo rosa desprendió un vergonzoso: “bueno…”
¡Qué fáciles eran esos partidos!
La táctica para cada equipo era distinta. Las camisetas celestes se acercaban a las rosas con movimientos robóticos y con un cabeceo imaginario te invitaban a bailar “Don´t cry” de los Guns ´N Roses.
Las fichas rosas marcaban la distancia con los brazos y ahí comenzaba el segundo tiempo.
Cuando llegaron los partidos de primera división las camisetas de ellos eran verdes.
Los partidos eran más aguerridos. Había combate y tercer tiempo.
Siempre le fui a los pies del 9. Laura y Jessie le iban más a los carrileros y Sami se enamoraba de los arqueros.
La camiseta verde significaban que eran elegibles. Jugadores con grandes habilidades, seguros, confiables, con poder de definición y un placer verlos jugar.
Con algunos hemos jugado mundiales. Partidos de 5, 3 y 6 años. ¡Buenos partidos!
Luego del último encuentro, perdí 1 a 0. Nos intercambiamos camisetas, nos sacamos la foto del recuerdo y volví a los entrenamientos.
-Se juega con la reserva, dijo el entrenador.
Aquí es dónde muchas camisetas rosas se confunden. Jugar con la reserva no es un partido oficial.
Los jugadores llevan la pechera roja. Es un stop en tu vida. Un simple recurso.
Cada jugadora elige su hombre de rojo. Cada una con motivos distintos. Según su juego.
Ellos se saben elegidos para entrenar y no se sienten del todo conformes con eso, pero… por algo no llegaron a primera. Fue su elección rendir a medias.
Mi hombre de pechera roja no es un buen jugador. No lo elijo porque sea el mejor amante, lo elijo porque es imposible que nos enamoremos y nos alejemos del objetivo.
La pechera roja siempre está ahí, cerca, dispuesta y te mantiene despierta.
Mientras las camisetas verdes corren en la cancha vecina, vos te rearmas.
La pechera roja te baila, te hace jugar por toda la cancha, mientras pensás si tu lugar realmente es de 9 o es hora de ir un rato al arco.
Terminas el partido y no hay abrazo de gol…
Gracias a la reserva reafirmas tu amor por el juego y recordás que siempre es mejor el “JOGO BONITO”.-
3 comentarios:
Qué buen texto!
Analogía fubolera para un vaivén citadino tan común por estos lares.
Recién me vengo acostumbrando.
Mi camiseta ser arcoriris, pero yo poner negra por encima y del azul se ven solo las mangas de abajo.
Si, las uso largas, porque a veces me da chucho.
pero bueno, estoy de suplente permantente,
"te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar,
por si fuera poco ja!
de golero...toda la vida tapando augujeros.
Y si en una de ésas salís bueno,
se tiran al suelo y te cobran
y te cobran penaaaaaaaaal.
"
Dejar las pecheras rojas de lado cuesta, pero mas cuesta si te enamoraste de una pechera roja que lo unico que hizo fue entrenar. Para poder volver a jugar en primera !!!
Dejar las pecheras rojas de lado cuesta, pero mas cuesta si te enamoraste de una pechera roja que lo unico que hizo fue entrenar. Para poder volver a jugar en primera !!!
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